El temblor se notó desde las regiones de Coquimbo, en el norte de Chile, hasta la de Biobío, en el sur, sin que se produjeran alteraciones en servicios básicos o infraestructuras.

El sismo afectó a 34 ciudades repartidas por la zona central del país, comprendidas en unos 800 kilómetros de territorio.

 

El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) informó de que no hay peligro de tsunami. Sin embargo, las autoridades ordenaron en un principio una evacuación preventiva del borde costero de las regiones de Valparaíso y O’Higgins.

Dieciséis minutos después, la autoridad levantó esta orden y permitió que la gente que había comenzado a subir a lugares seguros volviera a sus hogares.

El ministro del Interior, Mario Fernández, afirmó que el comportamiento de los chilenos había sido ejemplar y que la situación en Chile era “bastante normal” pese a la magnitud del sismo. “Es dable felicitar cómo los chilenos han reaccionado al temblor de tierra (6,9)”, incidió el jefe de gabinete de la presidenta Michelle Bachelet en declaraciones a los periodistas en el Palacio de la Moneda, sede del Ejecutivo.

Reconoció que tras el terremoto, se produjo una congest0ión vehicular, especialmente en la ciudad de Valparaíso, donde se registró el epicentro, y destacó que pese a ello no ha habido accidentes de tráfico significativos.

   

Fernández admitió que en un principio se saturaron las líneas telefónicas y que también hubo algunos cortes de energía eléctrica, pero que ya todo funciona con normalidad.

El cuerpo de Carabineros (policía militarizada) de Chile informó de que se han producido deslizamientos de tierra y rocas en la ruta internacional que lleva hasta la ciudad argentina de Mendoza, donde también se sintió el sismo con fuerza, y desprendimientos similares en el camino de Las Palmas, cerca de Valparaíso.

Chile, asentado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y con unos 17 millones de habitantes, está considerado como uno de los países más sísmicos del planeta.