El penúltimo escollo Por Luis Aristimuño

Hay en Venezuela, bien definidas en estos momentos, una situación y una causa: el régimen de Maduro no ha caído definitivamente porque los militares aún no deciden qué van a hacer. Es el nudo a ser desatado.
Contrario al silencio militar, clara es la voluntad poblacional de no aceptar más el cerco de hambre y muerte con el que lo ahoga el Pranato criminal chavista. La demostración del 23E y los crecientes niveles de desobediencia civil en el país así lo muestran. La gente perdió el miedo y cada día será más audaz, en aquellas capas de la población más sufrientes por la miseria general (ya se reportan enfrentamientos armados, de parte y parte, en algunos barrios de Caracas y otras ciudades).
Y del otro lado están los intereses de la cúpula militar. Estos fueron comprados por los civiles del Pranato para servir de guardia pretoriana por un precio bien alto: los negocios más lucrativos que pueden hacerse desde la administración pública: la compra y venta de alimentos y otras mercancías, el petróleo, entre otros (ahora no les interesan los ministerios porque ya los saquearon).
Pero no todos los militares están implicados en la misma magnitud. El grupito que se beneficia en grande de este saqueo, a decir de la experta Rocío San Miguel, es más o menos un 1%. El resto tendría los mismos y graves problemas de subsistencia que el resto de la población.


Pero es este grupito, lo más podrido de la institución militar, precisamente, el que podría parar ahora mismo esta situación de enfrentamientos; no obstante, tiene mucho que perder en bienes materiales y, aún más, en libertad individual; sin mencionar el oprobio que caerá sobre ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, cuando se conozcan detalladamente sus crímenes; realizados, para peor, desde una fingida honorabilidad. Me temo que son conscientes de que la aberrante naturaleza de sus acciones asombrará al mundo.
Y es acá donde encuentro el principal escollo para que Maduro abandone prontamente Miraflores y nos pongamos a rehacer el país: la corrompida cúpula militar debe estar siendo chantajeada por la inteligencia castrista para que no decida conforme a la situación del país, sino de acuerdo a los intereses de su gobierno.
Es cierto que el ofrecimiento de amnistía es una salida para estos despreciables individuos. Pero aún no vencen el temor a ser enjuiciados (no olvidar que son requeridos por la justicia internacional). Es allí donde seguramente aprieta el G2 cubano, que en mi concepto jugará a demorar la situación con dos presidentes hasta volverla insoportable; y, en nombre del “orden” y la “paz”, acometer la cobarde carnicería que ellos saben hacer contra la población desarmada.
Así pues, mientras más dure el silencio de las corrompidas cúpulas verdes, llegar a este primer final de nuestra tragedia costará más muertes. Y con ello, creo, solo estarán sumando otras cuentas por cobrar a su larga y siniestra factura.

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