Entender el crimen chavista Luis Aristimuño

Les resulta algo cuesta arriba a los amigos peruanos con quienes hasta ahora hemos tratado el punto poder entender cabalmente la dimensión de la tragedia venezolana. Muchos comentan no poderse terminar de explicar por qué una Nación huye despavorida de su país. Y, créanme, los entiendo perfectamente cuando preguntan con incredulidad: “¿Tan mal están las cosas allá?”.

Entonces les describo el proceso de escasez y el alto costo de las mercancías necesarias para la subsistencia creciendo desmesuradamente día tras día, mes tras mes, año tras año, mientras los encargados de estabilizar los precios juegan, tras una sonrisita de suficiencia y perdonavidas, a un sistemático engaño, una y otra vez. A esto me replican que también ellos sufrieron la misma situación durante el primer gobierno de Alan García. Saber establecer las diferencias entre los dos procesos es fundamental.

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Y en efecto, acá se vivió un período de escasez, altos precios, falta de producción, que igual produjo colas, desesperación y obligó a muchos a emigrar (Venezuela era entonces un destino preferencial). Pero el gobierno de García, aunque corrupto y con mucha gente incompetente, aparte de imponer pésimas políticas, por la aparición del terrorismo organizado (Sendero Luminoso y MRTA) se vio en una situación prácticamente inmanejable.

El paralelismo con el gobierno chavista puede llevar a engaños porque este ha estado repleto de incapaces, incluso de gente muy ignorante, en el sentido de no tener aguzado el sentido lógico de la vida para dimensionar la significación del complejo sistema que es un país para la preservación de la vida y procurar la felicidad de los más de 30 millones de seres humanos que somos (o éramos entonces).
Es cierto, además, que las ideas inconexas con el mundo moderno en que se ha ido quedando la “ideología socialista”, convertida hoy más bien en una verdadera patología, han hecho que la actuación del chavismo, al saquear y destruir el país parezca ocasionada sólo por la incompetencia, sin una estrategia bien pensada. Es más, por mucho tiempo en el colectivo flotó la conseja de que“el país les quedó demasiado grande”, como explicación para el horror que se expandía. Pero tal impresión pronto se disipa cuando se hace inventario de sus actuaciones.

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Imposible hacer un recuento pormenorizado en este espacio; pero permítame el lector proponer dos aproximaciones: una, el manejo de los recursos desde el principio del régimen. Y dos, la motivación para hacer leyes, sobre todo a partir de obtener mayoría absoluta en la AN (2005), cuando la oposición se abstuvo de participar en elecciones.
Si se observan con cuidado los primeros años del Pranato, con Hugo Chávez ya creído el nuevo “gran líder” de Latinoamérica, los movimientos de los dineros públicos no son los de un gobierno que esté pensando en desarrollar su país. No hay allí planificación en el sentido técnico, a pesar de lo que diga uno de los principales cómplices de aquel, Jorge Giordani: los gastos significativos estaban dirigidos a, primero, lograr ese apoyo incondicional en los países de AL que en un primer término suele comprar el dinero; y, luego, a lanzar, como si de una super estrella musical se tratara, al “dueño” de la fortuna petrolera venezolana, quien, por añadidura, estaba dispuesto a botarla a manos llenas. Este mismo procedimiento puede apreciarse perfectamente aun en 2012, año en el cual se gastaron $60 mil millones, incluyendo la fastuosa campaña, para asegurarse de elegir a un HCh moribundo.
Luego, el comportamiento legislativo da cuenta de otras vertientes del método criminal chavista: para asegurar la impunidad del líder único, la AN iba aprobando leyes que cubrieran los delitos ya cometidos en la actuación del Ejecutivo, aparte de poner todo el poder en la punta de los dedos de quien lo ocupaba. Además, como puede comprobarse con ciertas normas, como las que regulan desde entonces los alquileres, que, precisamente, acabaron con estos, pensadas para acorralar a los ciudadanos al privarlos de sus probabilidades para la subsistencia y, además, poder suplir la carencia de viviendas mediante la arbitrariedad y el abuso.
La dimensión trágica de Nuestra situación en Venezuela sólo puede ser aquilatada por quien no la haya sufrido si en su país, cualquier país, de improviso el gobierno deja de ser gerente y administrador y se convierte en un secuestrador de los bienes y de la vida de los ciudadanos. Que eso fue lo que hizo el chavismo con nosotros.

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