Sincerando expectativas Luis Aristimuño

He cometido un desliz antes: he creído que nuestros dirigentes pueden y deben tratar a la bestia roja como la trataría yo mismo. Pero no puede ser así. Ellos, inmersos en la legalidad, deben lidiar con obligaciones y cánones. Y allí está la diferencia. La misma que entre policías y criminales. Aquellos aprenden a pensar como los segundos, pero para hacerlos cumplir la ley deben primero cumplirla ellos.
Imagino, después de leer tantas y tan bien elaboradas síntesis del enorme esfuerzo que habrá de hacerse para “limpiar” nuestro territorio de las alimañas que aupó y permitió el criminal y traidor chavismo (guerrilla, narcotráfico, Izbollah, entre otros), que debemos esperar con calma y esperanza que tanta gente experta en el asunto terminará por encontrar la forma de lograr tarea tan ímproba. No obstante, debo administrar mis propias expectativas. Soy humano, mano.

Y lo primero a explicarme es ¿Por qué el pranato ha reprimido y destruido alevosamente la ayuda humanitaria enviada por varios países, despreocupado de que el mundo vea lo que hace? Porque entendió perfectamente, como nosotros, que la entrada de esa ayuda significaba su final (las razones específicas las expone harto claramente Juan Carlos Zapata en artículo reciente). Además, se sabe débil, muy débil; casi que en sus últimas pancadas. Y por ello debe cerrar, como ha dicho Thelman Urgüelles, la “tanática narrativa castrista”, dejando bien asentado con sangre humana que las revoluciones no se rinden y darle a quienes han estado al frente una excusa para dejar el poder: si salen arrojados por el pueblo, qué vergüenza; pero una invasión militar permitiría la fábula de que fueron desplazados por “el imperio”.


En fin, si fríamente hacemos un balance, entenderemos que hemos avanzado muchísimo hacia la libertad, pero esta se nos presenta detrás de un último escollo, final pero tremendo. Creo, en este sentido, que el pranato, ya sin el escondite del Estado para el crimen, y convertido en grupo de maleantes, uniformados o no, se cree preparado para su “guerra prolongada”, cacareada desde los tiempos del traidor mayor y reiterada constantemente por Maduro; aunque no cuenten con el ejército, bastante diezmado por las deserciones y descoyuntado a propósito, pero sí con una montonera encabezada por los jefes del Cartel de los Soles (no el Alto Mando), cuya tropa son los colectivos, los presos más peligrosos de Iris Varela, algunos guerrilleros del ELN, elementos del hampa y Guardias Nacionales, más obligados que decididos. Tropa peligrosa esta, sin honor y sin bandera, que puede atreverse a todo, incluso a atentar contra los diputados de la AN y, sobre todo, contra Guaidó. De hecho, ya lo han anunciado.


Sospecho que el Pranato va a inmolar a muchos de sus seguidores para cerrar su revolución. Este barrunto me lo dicta la jugada del marrullero y criminal régimen cubano, que ya olió el final y seguramente retiró o está retirando sus tropas a toda carrera, recientemente hizo una jugada de diversión y disimulo al retar a Estados Unidos a que “presente pruebas” de su prolongada incursión en Venezuela. Además, los principales pranes del chavismo están sacando a sus familiares rápidamente (Cabello ha enviado a sus dos vástagos a Moscú utilizando el apellido materno y ocultando el paterno). Y a Maduro ya no le importa fingir un rostro democrático. Lo demostró al retener en Miraflores y expulsar del país a Jorge Ramos y al resto del equipo periodístico de Univisión, que le hacían una entrevista, porque no le gustó una de las preguntas (este periodista tuvo la impresión de que Maduro se siente “fuerte en su burbuja” y “menospreciado” por la CI).


Espero que quienes dirigen las acciones contra él sintieran lo mismo que yo: que el pranato criminal chavista va a hacer el mayor daño posible antes de que sus gerifaltes caigan, se rindan o huyan

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Sé el primero en comentar en «Sincerando expectativas Luis Aristimuño»

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*