Incendio en Cerro Colorado Guillermo García Campos

 

Tengo sobradas razones para plaguear y llorar por la quema del Auditorium del núcleo de Sucre de la UDO, 31 años de mi vida estuvieron íntimamente vinculados a ese espacio, fue mi aula universitaria por excelencia, allí recibí todas las clases que me fueron necesarias para recibirme de ciudadano, allí se concretaron mis primeros contactos con el arte: cine, danza, teatro, música, poesía, en él conocí la política, la esencia de las luchas estudiantiles, gremiales y en general las luchas de la sociedad, allí aprendí de las dinámicas comunicacionales: conferencias, simposios, foros, debates, mesas de trabajo; oí clases magistrales y asistí a importantísimos eventos nacionales e internacionales sobre ciencia, tecnología, literatura. Por sus espacios desfilaron las más importantes figuras de la vida pública nacional: científicos, políticos, creadores e intelectuales de todo orden; en el ahora calcinado Auditorium de Cerro colorado asistí al debut y a conciertos de consagrados artistas locales, nacionales, de América y Europa; participé y disfruté los procesos creativos del arte universitario, de sus actividades tradicionales, contemporáneas y experimentales; no pocas veces amanecí en sus espacios que habitualmente cobijaban nuestras actividades de producción o creación artística hasta altas horas de la noche; de hecho quienes trabajábamos adscritos a la delegación de cultura del núcleo de Sucre, éramos los últimos en abandonar el campus universitario en la camioneta Dodge color celeste conducida por nuestro siempre recordado Erasmo Martínez, muchas veces tocando la medianoche.


En buena medida la universidad gravitaba en torno al Auditorium, escenario de los grandes acontecimientos académicos y protocolares de la dinámica universitaria. El auditorium permanecía al servicio público todos los días, incluidos sábados y domingos, con actividades para todo público en horarios matutino, vespertino y nocturno. Ayer, cuando por boca de Manuber me enteré de lo ocurrido, cuando vi las primeras fotos de los destrozos, me sentí compungido y por supuesto lloré, en lo personal me sentí apuñalado, razón por la cual esperé a que se me pasara el impacto inicial para generar opinión lo más alejado posible de las emociones

Ha lugar el relato que hago pues corrobora la certidumbre de la consumación de un crimen histórico y material contra un espacio cultural/universitario fundamental, una acción atroz, bárbara, abyecta que excreta ignorancia y decadencia sobre el acervo cultural universitario, sobre los universitarios; pero que al mismo tiempo me permite sostener la idea de que no puede dicha estocada minimizar faltas en las que a conciencia o por incapacidad de gestión se incurrió para que no sólo el Auditorium, sino casi todos los espacios vitales del núcleo quedarán expuestos a la flagrante, continuada y desparpajada acción del hampa, pues si bien es cierto que lo del Auditorium es reprochable y ruin, no lo es menos la imagen de los microscopios esparcidos en la maleza, la inhabilitación de ciencias, el Sismologico, Biociencias, el asalto al rectorado, etcétera. Hace mucho que el Auditorium dejó de ser ni siquiera la sombra de los tiempos reseñados en mi relato, la excusa que escuché es que sus actividades estaban restringidas porque la acción del hampa impedía operarlo en ciertos horarios, al igual que los salones de clases, laboratorios, áreas administrativas, estacionamientos.

 

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Pareciera que la barbarie nos ganó la pelea, el desarraigo nos ganó la pelea, la falta de ideas frescas, el agotamiento de la pasión y la flacura de los sueños nos hicieron perder una pelea que parecía ganada de calle por la universidad, ¡pero no! Nos dejamos ganar la pelea por cuatro gatos, no supimos defender nuestros espacios, nuestras actividades, nuestra función vital. Cuatro gatos y sus dueños opacaron a la universidad que un día conocí, la que rugía en las calles defendiendo a la gente de los barrios, ayudando a la gente en el rescate de sus enseres durante las inundaciones, la universidad en la que ya no cabía un estudiante más, la universidad orgullosa de sus docentes e investigadores, de sus proyectos, la universidad como poderosa empresa cultural, la universidad metida de cabeza en Los Molinos para orientar a sus chamos, la universidad que por menos de una coma del discurso violento que hoy la acoquina y pega contra las cuerdas se hacía a la calle a pelear a brazo partido con la gente, con los gremios, una universidad que hacía temblar a los abusadores se quedó sola rumiando sus penas añorando sus mejores momentos.

Los efectos de acciones y omisiones mayúsculas y minúsculas, generaron un clima propicio para que oportunistas, ladrones, mercachifles, delincuentes académicos y otros bichos del lado puerco de política local y nacional configuraran la vergonzosa situación de hoy, un río revuelto en cuyas riberas, aunque usted no lo crea, habitan innumerables pescadores libres de escrúpulos soñando a que sus sueños están por concretarse.
La decadencia cultural de la sociedad Cumanesa tiene un vital punto de corroboración de dicho proceso en la Universidad de Oriente, por eso, si es que ya no es demasiado tarde, urge concentrar la atención y todos los esfuerzos que fueran necesarios para inicialmente contribuir a ralentizar la velocidad con la que avanza el deterioro, en segundo término a formular una respuesta que frene dicho proceso y por último convocar al existente y transformador espíritu universitario a restañar heridas y asumir el liderazgo social que le compete como fundamental empresa cultural de la región. La universidad debe afincarse en su autonomía de creación para actuar sin tapujos ni obstáculos en la búsqueda un camino hacia los nuevos tiempos.


Lo ocurrido con el Auditorium es sólo un doloroso evento en la vida universitaria, no debería tener poder para doblegarnos, arreglémoslo, aprovechemos de modernizarlo, de darle mayor capacidad y dotación tecnológica de punta, esa sería una tarea relativamente sencilla si lográramos resolver el problema de fondo. Lo que sí debe preocuparnos y mucho es que nos habite por más tiempo un espíritu universitario, débil, postrado, conformista, inerte, apenas sobreviviente, encarguémonos primero de trabajar este tema que es vertebral, nuestra actitud decidida, clara, nuestro actuar contundente volverá a llenar los espacios universitarios de jóvenes buscando su primera experiencia con las artes, la política, las ciencias y el amor; su pasillos llenos de poesía, expresiones académicas y artísticas expulsarían para siempre las manifestaciones de mediocridad y retraso que una a una fueron encontrando nicho en nuestra casa de estudios. Por supuesto promovamos las pesquisas, diligencias y castigo pertinentes a los actos delictivos que por ahora desnudan un lado oscuro de la realidad universitaria de hoy.
La quema del Auditorium es un llamado dramático a las reservas universitarias, no es el fin, veámoslo más bien como una de las últimas oportunidades que tenemos para atajar lo que por ahora se nos está yendo de las manos.

Luis Antonio Carvajal Chacón

Licenciado en Comunicación Social
Universidad Cecilio Acosta del Zulia
Locutor y Moderador de Radio y Televisión en el Estado Sucre
CNP: 21.184
Luis Antonio Carvajal Chacón
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Sobre el Autor

Luis Antonio Carvajal Chacón
Licenciado en Comunicación Social Universidad Cecilio Acosta del Zulia Locutor y Moderador de Radio y Televisión en el Estado Sucre CNP: 21.184

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