Las sombras de Berruecos no impediran que Cumaná se reencuentre con su Universidad y su renacer

Las sombras que se evidenciaron ayer para impedirle a Cumaná el reencuentro con su Universidad de Oriente en el acto “LA UDO ESTÁ AQUÍ”, no impedirán su renacer.

*Prof. Luis Acuña Santaella – La Puerta Triunfal de la Casa*

Una entrevista con Alfredo Armas Alfonzo, director de Extensión Universitaria, fue el primer encuentro con nuestra universidad en la imborrable Quinta Tobía que hoy persiste en la memoria. Había estado por primera vez en Cumaná a mediados de 1967 y apenas pude ver algunas de sus calles. Días después, el 16 de agosto, manejé desde Caracas los 720 kilómetros que la separaban de Jusepín. Había egresado el año anterior de la Universidad Central de Venezuela y empezaría a trabajar en una universidad experimental de la cual solo había leído su decreto de creación. Ese trayecto lo recorrería después muchas veces. En algunas ocasiones, con el director del coro del Núcleo de Monagas; en una, le comenté que se me enredaban los versos de las Azules Boinas con los de Acercaos Juventud y, jugando con las palabras, aprendí la letra del canto que mueve a Álida Velásquez, que mueve a todo el oriente y que, entonces, me sacó lagrimas de alegría en aquellos caminos polvorientos y desolados, que iban del kilómetro 52 hasta Jusepín y que hoy también me hacen llorar de tristeza, de coraje, de furia, de esperanza. Sobre todo, de esperanza.

Jusepín era la perfecta metáfora que se suele invocar al juntar palabras y nociones como petróleo, educación y agro; así lo ví y así lo viví. Pero además, hubo allí una pasión encendida, procurando transformar esas sabanas peladas, la investigación descubriendo secretos para engendrar frutos de progreso y vida en esos suelos ariscos; los proyectores de arco voltaico levantando luces dentro y fuera del campus con el mejor cine clásico, de culto y del momento, también estuvo allí; Maturín, en alegre tropel, se movió mas de una vez a Jusepín. No faltó la voz del coro, la conferencia del historiador, el foro crítico. La universidad vibrando. Tiempo después he visto sabanas reverdecidas que se atribuyen a milagros, ganado de cepa adaptado a ese medio, caídos del cielo: pocos saben o recuerdan que detrás de esos hitos hubo aquella pasión encendida, que aún respira en el pecho de la Universidad de Oriente, que ha madurado la fruta amarilla, que ha germinado el petróleo, que no hay rincón alejado en toda esta mitad de Venezuela, desde el norte de nuestras aguas territoriales en el Mar Caribe hasta el Tepuy mas cerca de la frontera sur, desde Boca de Uchire hasta Güiria, donde no haya vibrado y latido un corazón tocado por nuestra Universidad de Oriente.

Ya en Cumaná, desde 1968 se pudo constatar que no ha habido evento de ciencia y de cultura en nuestro país, sin la presencia y compromiso de nuestra universidad. En devoción a ésta, su sede fundacional, presentó y promovió un proyecto que pudo haber cambiado profundamente nuestro horizonte: Cumaná, ciudad marina, que pudo haberse desarrollado en los terrenos del antiguo aeropuerto y que, lamentablemente, no logró tocar todos los corazones.

Hemos recorrido un largo camino con ella, junto a ella y hasta lejos de ella. Hasta hace poco, 2015 dice el calendario, de manera directa, conjugada con la estrecha vinculación que va desde aquellos caminos de Jusepín’67 hasta la jubilación en 1996. Un solo semestre sin dar clases, ocupado como estaba en alguna obligación académica del momento. La vi crecer, conocí los dolores de su crecimiento. Nunca los que padece en estos momentos, por sus lesiones y su asfixia. Hoy 2019, lucha por sobrevivir y exige de todos nosotros, acompañamiento, pericia y lealtad. Pide reflexión a los impasibles, indiferentes y extraviados, unos pocos, pero también hijos suyos; reclama luces altas para recuperarse y desarrollarse a plenitud, como la hermosa y adelantada utopía que previsualizaron nuestros Luis Manuel Peñalver y Alfredo Armas Alfonzo; nombro solo a ellos para representar a todos los universitarios de oriente, en dos campos de la civilización: ciencia y cultura, que en si son solo uno y a la vez múltiples campos.

El modelo fundacional de nuestra Universidad de Oriente se dirigía hacia el de la universidad contemporánea, que incorpora a la innovación como una de sus funciones principales, al lado de la docencia, la investigación y la extensión; lo hacía como parte de un desarrollo natural y de su propio proceso civilizatorio que comenzó con la fundación de institutos de investigación, de espacios docentes y la extensión universitaria; que contempló la participación en sus órganos de dirección, amén de profesores, estudiantes y autoridades académicas, a representantes del mundo laboral y empresarial, en una articulación indispensable, para la transferencia tecnológica -se diría hoy- de los resultados de la investigación y la creación de conocimiento para la generación de bienestar, riqueza, libertad, progreso y civilización.

Su renacimiento requerirá –estoy absolutamente convencido que renacerá– de la imaginación, perseverancia y audacia inteligente que logre, ademas de la recuperación total de sus funciones tradicionales de docencia, investigación y extensión, la incorporación de modelos intra universitarios contemporáneos que conduzcan a la creación de ámbitos y programas de formación profesional en sincronía con los tiempos para todos los niveles de edad; la certificación y calificación de saberes; un agresivo programa de formación en línea; programas de extensión en la más amplia diversidad de ocupaciones y oficios; la reinserción en programas especiales de la experiencia de su planta de jubilados; que pueda dirigir y procurar su autofinanciamiento a partir de los productos de la investigación, hoy del dominio público y que podrían llegar a ser un soporte fundamental para su nuevo y total desarrollo.

Esa bandera de azules, rojos, naranjas y amarillos que orienta con sus átomos, núcleos y protones a manera de Rosa de los Vientos, que inventaron los fundadores, sirva de guía. Allí cabemos todos en un permanente ir y venir, en un permanente progreso, el pueblo que nutre y aprende, estudiantes, profesores, empleados, obreros, todos en permanente discusión, creación, libres, generando conocimiento, libertad, bienestar y riqueza. Así, luminosa, torrencial y magnífica la Puerta Triunfal de la Casa más Alta.

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