Sergio Márquez Parales: Fin del 2019, sin que se le vea el queso a la tostada ¿Y entonces?

  

Cuando apenas faltan días para que culmine el año 2019, según analistas políticos y defensores de los radicalismos, el balance de lo ocurrido durante el mismo no es lo más satisfactorio que se pudiese decir.

El día 5 de enero del 2019, respetando los acuerdos establecidos por los factores opositores mayoritarios que hacen vida en la Asamblea Nacional, fue electo Juan Guaidó como presidente de dicho ente; quien de inmediato, presionado por factores internos y externos, se juramentó el 23 de enero como “presidente interino” creando, expectativas importantes en los venezolanos que aún esperan un cambio de gobierno.

Es difícil señalar si los objetivos de aquel acto se han cumplido; entre otras cosas, porque si bien es cierto que Guaidó logró un apoyo internacional basado en el respaldo de Estados Unidos; hacia lo interno, parece que los avances alcanzados se han ido diluyendo poco a poco.

En los actuales momentos, el propio Guaidó habla de agenda para el 2020, lo que es sin duda alguna un reconocimiento tácito de que existe un supuesto estancamiento en las acciones que pretendieron provocar lo que la oposición ha denominado: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres; con el agravante, de que el 5 de enero deberá escogerse el nuevo presidente de la AN (cargo para el que aparentemente, Guaidó parece tener garantizada su reelección); pero, como dicen por allí, “no se pueden contar los pollos antes de nacer”; pues los acuerdos refrendados, establecen que la presidencia le corresponde a las minorías, argumento que la Fracción 16J (VENTE y sus aliados), pretende hacer valer a toda costa, sin dejar de mencionar que el fantasma de la presencia de la fracción del PSUV y sus aliados, abre ciertas posibilidades a cualquier intento de elegir un presidente de la AN distinto a Guaidó.

Mientras llega  el 5 de enero y los hechos subsiguientes, los venezolanos siguen padeciendo los rigores de la hiperinflación, el desabastecimiento de medicinas y alimentos, la constante fallas en los servicios públicos (sobre todo en lo que se refiere al suministro de agua potable y luz eléctrica), la descomposición y deterioro de los salarios y un resurgimiento de la inseguridad; entre otras calamidades.

Finalmente, y sin querer emitir criterios de juicio, los ciudadanos sienten que quizás la oposición pudo lograr mayores metas si de verdad hubiese existido una unidad consolidada en torno a los objetivos que se pretendían alcanzar; a la vez que también consideran, que Nicolás Maduro y el PSUV “capearon un muy duro temporal” y cohesionaron eficientemente a los factores revolucionarios en torno a la defensa del gobierno e incluso algunos economistas hablan de una leve mejoría en la materia económica.  ¿En qué parará la cosa? Sabrá “Pepe”.

Donald Trump está contra las cuerdas pero “la pelea es peleando”

La arremetida Demócrata colocó literalmente hablando al presidente Donald Trump contra las cuerdas.

Según el documento presentado por los demócratas, Trump trató de utilizar al Gobierno de Ucrania para “ayudar a su reelección y dañar las expectativas electorales de un oponente político”.

Donald Trump está a punto de convertirse en el tercer presidente de Estados Unidos que es sometido a un ‘juicio político’, es decir, al proceso en virtud del cual el Congreso de ese país debe decidir si destituye al jefe del Estado y del Gobierno. Hasta la fecha, sólo dos presidentes se han sometido a ese proceso: Andrew Johnson, en 1868, y Bill Clinton en 1998. Un tercero, Richard Nixon, dimitió en 1974 antes de que se abriera el procedimiento.

   

El presidente de Estados Unidos goza de inmunidad legal y sólo puede ser cesado, según expresa la Constitución en el artículo cuarto de su título segundo, si ha cometido “traición, soborno, u otros graves delitos y faltas”. Unos presuntos delitos y faltas que en el caso de Trump son dos: abuso de poder y obstrucción al Congreso.

La acusación de abuso de poder se refiere a la decisión de Trump de suspender la entrega de misiles antitanque por valor de 391 millones de dólares (353 millones de euros) a Ucrania hasta que el gobierno de ese país anunciara la apertura de una investigación contra Hunter Biden, el hijo de su mayor rival en las elecciones de 2020, Joe Biden, por presunta corrupción como miembro del consejo de administración de la empresa gasista de ese país, Burisma. Según el documento con los cargos, Trump trató de utilizar al Gobierno de Ucrania para “ayudar a su reelección, dañar las expectativas electorales de un oponente político, e influir en su favor en las elecciones presidenciales de 2020”.

La obstrucción al Congreso se basa, de acuerdo con el mismo documento, en que “Trump ha violado su juramento de la Constitución”, al ordenar a sus subordinados “el incumplimiento indiscriminado de las citaciones de la Cámara de Representantes” a miembros de su gabinete y colaboradores para que testifiquen en la investigación.

Así pues, todo parece allanado para que el ‘impeachment’, es decir, la imputación, se lleve a cabo con éxito, aunque eso no signifique el cese del presidente. Es más, esa posibilidad se antoja remota, salvo que suceda un cataclismo político que nadie es capaz de prever. En enero, el proceso pasará al Senado, donde se celebrará un ‘juicio político’ que deberá decidir la destitución del presidente. Ahí, las tornas se invierten. Los republicanos tienen la mayoría, y, por tanto, Trump no será destituido. Es lo que sucedió con Clinton y Johnson, aunque éste se libró de ser echado del cargo por un solo voto.

Por cierto, según fuentes norteamericanas, Donald Trump está perdiendo la confianza en lo que respecta a que el líder de la oposición venezolana que su gobierno respaldó, pueda derrocar al régimen de Nicolás Maduro, y los principales asesores del presidente de los Estados Unidos ahora están considerando estrategias nuevas y más agresivas, según personas familiarizadas con el asunto.

El vicepresidente Mike Pence dirigió una reunión el jueves con otros altos funcionarios para reexaminar el impulso anual de la Casa Blanca por una transición democrática en la nación sudamericana, dijeron cuatro de las personas. Juan Guaido, el líder de la Asamblea Nacional que se declaró presidente interino de Venezuela con el respaldo de Estados Unidos a principios de este año, hasta ahora no ha logrado expulsar a Maduro y los funcionarios estadounidenses ahora están preocupados de que pronto pueda perder su puesto oficial. No se está considerando ninguna opción militar, pero los funcionarios de la Casa Blanca han discutido nuevos enfoques, incluido un intento de asociarse con Rusia, un aliado de Maduro, para aliviar al líder venezolano o aumentar la presión sobre Cuba, el principal patrocinador de Maduro. Durante la reunión de Pence en la Sala de Situación de la Casa Blanca, los funcionarios también discutieron brevemente, pero finalmente descartaron la idea de tomar medidas enérgicas contra las importaciones de petróleo venezolano de la India, una importante línea de vida financiera para el régimen de Maduro.

Las discusiones ilustran el enigma de Trump en Venezuela, donde comenzó una campaña agresiva para expulsar a Maduro a fines de 2018 bajo la dirección de su entonces asesor de seguridad nacional, John Bolton. El presidente está frustrado porque el líder venezolano no fue destituido del poder tan rápido como Trump creía que Bolton había anunciado, y también es consciente de las ramificaciones políticas, por lo que el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, reconoció que usar la fuerza militar en Venezuela tendría “riesgos” significativos, en lo que supone un cambio sustancial en la postura que hasta ahora ha defendido el Gobierno estadounidense sobre una opción militar. Fuente: El Mundo (España).

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