(Opinión) El magnetismo de Rómulo Betancourt. Por Ignacio Laya

Caracas, 22 de febrero de 2020.
Por: Ignacio Laya*
@IgnacioLaya

Tendría yo unos 11 años cuando comencé a transitar los espacios del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y subimos desde La Guaira, hacia la Plaza O’Leary de Caracas, un grupo juvenil con las instrucciones de rechiflar al orador central de esa concentración política adeca.

Ansioso por pitar y cumplir la tarea, anunciaron la intervención de Don Rómulo Betancourt bajo un aplauso atronador: el hombre apareció en el medio de la escalera sur de El Calvario y un silencio misterioso se hizo mientras hacía un paneo lento, muy lento con su inseparable pipa sostenida con la mano izquierda.

De pronto la bajó con un movimiento casi violento y lo primero que dijo con voz contundente; CONCIUDANOS y de repente toda la pandilla que fuimos con otro fin estabamos aplaudiendo envuelto en aquel magnetismo de ese Rómulo que sentó las bases del sistema democrático en Venezuela.

El impacto mental que me produjo ese extraño compartimiento me nubló el entendimiento y bajé con la pandilla guaireña con esa gran lección de esos grandes líderes que convencían a las multitudes primero con los gestos y después con las palabras. Esa anécdota para todos los adecos que han de llevarlo en lo más profundos de sus corazones.

  

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